Thursday, August 27, 2009

Tíos?

Nunca voy a entender la maña de ciertas personas al nombrar "tíos" a los amigos de sus padres. Generalmente son personas que no tienen ninguna relación directa con la familia. No son hermanos de nadie, parientes de nadie. Hasta su apellido es distinto, sin embargo, algo en sus largos años de conocer a tus padres les ha dado la mención honorífica de serlo. Tíos.

Como mi tío "Chino". Ni la más remota idea de dónde carajos se puede pensar que un hombre de altura promedio, con la contextura de un saco de papas y aspecto bonachón que encaja con sus ojos rasgados, sea siquiera pariente lejano mío. Nunca descubrí por qué, en las escasas dos o tres ocasiones que le vi, se esmeraba por clamar su pomposo título de familiar inexistente. Sin embargo era así.

Cada vez que llegaba a la casa había que recibirlo con un sonoro beso en la mejilla. La primera vez que lo ví yo tenía diez años. Una mocosa alta y flacuchenta con rostro de pollo y cabello largo, negro, desordenado. Oh sí, no soporto recordar la peor etapa de todas: La pre-pubertad. Donde no se es niño ni adolescente, donde se es... Amorfo. Y sin embargo allí se encontraba él, a la puerta, en el umbral mejor dicho, con su hinchada esposa y no de menores dimensiones hijo.

Siempre fuí tímida de niña pues mi lengua me había jugado malas pasadas más de una vez. Ahora no es que mi tacto de yunque haya mejorado, sólo ya no me importa.

Sudaca desde el pelo hasta la punta de los pies, lo peruano se le salía por los poros, ahora que recuerdo pues literalmente. Se me acercó y me dijo:
-Joycita, ¡Cómo has cambiado! Cuando te dejamos apenas eras una bebé, has crecido muchísimo.
-Sí tío - Asiento sintiéndome idiota... En extremo.
-Este es tu primo- (primo???), -Por qué no van a jugar, ya?
-Ya tío, un gusto.

No puedo recordar mucho de esa tarde salvo dos cosas, la primera que, desde todos los ángulos mi "primo" era un pelele, la segunda es lo que nunca dudé desde un principio: La enorme barriga de mi tío no era un mero formalismo. No sólo se veía como un saco de papas, también le cabía un saco de papas. Comía de manera memorable.

Mamá había cocinado un estofado de pollo como sólo ella podría haberlo hecho, ni un chef podría igualarse a la cuchara criolla de mi madre. Ella, como cualquier mujer con setido común, había enseñado a su hija menor a comer con decoro frente a las visitas y yo, como buena pupila, me esforzaba en mi torpeza de pre-adolescente a hacer quedar bien a mi santa progenitora.

"Tío Chino" se percató de mis burdos intentos por atacar con deséxito mi presa de pollo mientras él observava con sus dedos grasientos.

-Ya pues sobrina - Me dijo -Agarra el pollo con las manos, total, así es como un buen peruano come.

Y mi hermoso tacto de yunque afloró y salió a borbotones de mi boca de niña de diez años.
-Osea... Como cerdos?

Silencio sepulcral en la mesa, mi mamá tragó fuerte. Acto seguido mi padre cambió la conversación y yo me hundí en mi asiento de puberta con los dedos grasientos por un estofado de pollo.

La segunda vez que ví al "Tío Chino" fue a los 19 años, llegó a visitarnos a la casa en Heredia. Se sentó y yo me acerqué a saludar, más alta que la última vez, no tan delgada gracias a Dios pero sí conservando mi cara de pollo y mi cabello negro, largo, salvaje (una manera interesante de sustituir el adjetivo "condenadamente rebelde").

-Caray sobrina, ¡Cómo has cambiado! Parece que los años te sientan bien, qué guapa estás, pareces modelito.
-...Gracias tío.
-No, no, déjame verte bien, una vuelta por favor -Acto seguido se levantó y me hizo dar una vuelta. -Si eres el vivo retrato de tu padre, sólo que más guapa.
-A ver chino, si a alguien tenía que salir, para que veas. -Dijo mi padre. Ambos rieron.
-Tío -Dije yo, tratando de escabullirme -Los dejo para que hablen.
-No, no, nada sobrina, cuéntame de tu vida. Orgulloso estoy yo de tener una sobrina tan guapa e inteligente.

En mi mente sólo una frase: Viejo mañoso.

Tal vez se deba que hace no mucho, después del servicio de la iglesia, mis tíos verdaderos, mi abuela verdadera, mi prima verdadera y yo nos topamos con los "tíos Chinos" de mis primas en el centro de Lima.

Ver a Isabel en un restaurante peruano donde sirven pollo asado y platos típicos, más conocido como "picantería" tal vez me recordó a este personaje caricaturesco de mi infancia.

En un pequeño local cerca al centro comercial San Miguel nos encontrábamos almorzando con una señora baja de estatura, morena, cusqueña toda ella y orgullosa de serlo, sumergida en un traje color papaya con hombreras, de dos piezas, un boom en los ochentas... Ahora no tanto.

Simpaticona y carismática con su atuendo de domingo ríe abiertamente y me invita a llamarla "tía"- Yo empleo mi sonrisa predeterminada, automática, como quien no quiere la cosa... Y corro a escribir estas humildes líneas en mi diario.

A la salúd de los tíos postizos.

-Lima 4 de enero, 2009-

2 comments:

  1. Me gusto tu blog, eso de los tios es muy vacilon y cierto, yo acabo de tener un hijo y hago lo mismo, ya mis amigos son los tios de mi chapulin, creo que es la falta de hermanos que tratamos de llenar.

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  2. JAJAJAJAJAJA Solo a ti se te podia ocurrir escribir eso, pero esta genial. Solo te digo una cosa hermanita...espera a ser mama y luego hablamos!!! un beso...Tu Hermano de sangre!!

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